lunes, 8 de marzo de 2010

¿Mayordomía del tiempo o idolatría?

El pasado fin de semana (5-7 de marzo de 2010) asistí a un taller para aprender a predicar de mayordomía. Estuvo repleto, no sólo de técnicas para el estudio de la Biblia, sino también de instrucción para la estructuración de los sermones.

En los devocionales y en el culto divino del sábado repasamos varios de los conceptos centrales de la mayordomía. Por cierto, la mayordomía no sólo trata sobre el dinero, sino también sobre el tiempo, los talentos, el cuidado del cuerpo, la familia, el testimonio personal. En fin, es la administración de todos y cada uno de los aspectos de la vida.

El domingo por la mañana, llegó la hora de la verdad. Se sorteó quiénes habríamos de presentar un tema sobre la mayordomía, procurando poner en práctica todo lo aprendido durante el curso. La principal limitación era que no debía exceder de 5 minutos.

En cada una de las exposiciones, pudimos notar que no resulta del todo fácil aplicar cada uno de los detalles. Pero gracias a las omisiones, el maestro y los compañeros que estaban sentados prestando atención, pudieron realimentarnos de lo que debíamos mejorar.

Personalmente aprendí que no debo comprometerme con tiempos tan cortos. Apenas estaba terminando de leer la base bíblica cuando me señalaron que se había agotado el tiempo. Me concedieron dos minutos extras... pero no fueron suficientes para terminar. Así que fue necesario interrumpirlo abruptamente. Como se trataba de un ejercicio, estuvo bien. Pero me dejó reflexionando el resto del día.

Durante todo el curso, el maestro instructor estuvo insistiendo en que lo más importante en una predicación es el mensaje, no el mensajero. Esto es, el mensaje debe estar bien preparado y bien estructurado para llegar a los corazones, pues se trata de la palabra de Dios. Yo también creo en este concepto. Por eso, con frecuencia insisto en que la columna vertebral de un sermón debe estar formada por una secuencia bien escogida de textos bíblicos.

Sin embargo, el asunto del tiempo me hizo recordar las innumerables ocasiones cuando ha sucedido que se gasta el tiempo en un programa con muchas participaciones y cuando llega el tiempo del estudio de la Palabra de Dios, simplemente hay que sacrificar el mensaje (que se supone es lo más importante) en el altar de Cronos (el dios griego del tiempo). Esto suele suceder en la Escuela Sabática o en el Culto Divino y esta situación la he observado en más de en una iglesia.

Las preguntas que me surgieron fueron: ¿No es esto idolatría? ¿Dejar de oír lo que Dios ha inspirado al predicador a fin de honrar la llegada de cierta hora? ¿Por qué nunca me ha tocado escuchar que alguien le reclame al encargado de los anuncios por tomarse 20, 30 o 40 minutos en lugar de los 5 minutos que le correspondían? Pero sí he escuchado comentarios dirigidos al predicador por "pasarse de las 12", aunque le entregaran el púlpito pocos minutos antes. ¿No debería reducirse el número de participaciones a fin de tener suficiente tiempo para estudiar la Biblia?

Te invito a expresar tu opinión respecto de este tema, dejando un comentario.

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